El drama desde adentro.
El Jueves Santo me enviaron una invitación a unirme a un grupo homofóbico en Facebook con el fin de participar pero posteando a favor de la comunidad GLBT y de las uniones civiles entre personas del mismo sexo. En seguida le di camino al asunto y pues me di cuenta que ya muchos lo habían hecho, incluso, que la mayoría de los posts en el muro del grupo eran de gente que desaprobaban la causa homofóbica del mismo.
Dentro se contenían toda clase de argumentos irracionales en contra de las uniones entre personas del mismo sexo, y pues muchos de nosotros nos dimos a la tarea de hacer una invasión de comentarios a favor de nuestra causa, la cual es apoyar las uniones gay.
Pasadas una horas de denso posteo por parte de ambos lados, un joven posteó en el foro de discusión un tema sobre su experiencia como persona gay en un mundo que lo reprime y le quita sus derechos. el tema de discusión (que a partir de ahora llamaré carta) me conmovió fuertemente, porque los ateos tenemos ese punto en común con la comunidad GLBT, de ser marginados y etiquetados como lo peor de la sociedad. Le pedí permiso al autor y acá tienen la copia fiel al original:
Ningún heterosexual ha sentido en carne propio la angustia que sienten todos los y las homosexuales, es un sentimiento de ira consigo mismo y por lo general la mayoria se han preguntado muchas cosas, tales como: ¿Por qué putas soy gay? ¿Por qué tengo que sufrir tanto? ¿Por qué no puedo llevar una vida normal como las demás personas?
Puedo decirles por experiencia personal que expresadamente nadie elige la homosexualidad y el dolor y el rechazo que resultan de ella. Ningún niño o adolescente llega al menú de opciones sexuales y dice: “Hmmm, creo que tomaré esta”. En consecuencia poco a poco nos acostumbramos a vivir así, a ir aceptandonos tal y como somos, a tratar de vivir dignamente en un mundo en donde la mayoria gobierna sobre una minoria. Es hora de que la gente entienda que somos seres humanos, que merecemos respeto e igualdad de condiciones.El hecho de que algunos homosexuales sean promiscuos o se prostituyan, no quiere decir que todos sean iguales. La mayoria son personas profesionales que llevan una vida tranquila pero se esconden y viven encerrados en su propio mundo. Otros viven con sus parejas homosexuales y comparten juntos una casa, los gastos económicos, el afecto, se aman y se respetan mutuamente aunque para la sociedad no sean reconocidos civilmente como una pareja con derechos que los respalden y les garantice su convivencia plena y justa.
Por favor hagamos conciencia gran parte de sociedad necesita cambiar su forma de pensar y dejar de discriminar y en su lugar ayudar. Si ayudar a miles de jovenes que se suicidan diá a día porque sus familias los rechazan, o aquellos jovenes que los hechan de sus hogares como si fueran mounstros; y lamentablemente estos son los que terminan prostituyéndose para poder comer y tener donde dormir o lamentablemente para consumir drogas para olvidar la angustia y sanar sus heridas internas y el dolor que cargan en su vida.
Ya no más prejuicios ni discriminaciones, abran sus mentes y sus corazones y dense cuenta de que los gays y las lesbianas somos seres capaces de triunfar, de alcanzar metas profesionales y espirituales. Y aunque para muchos seamos pecadores tenemos derecho a creer en Dios, a asistir a eventos religiosos, a orar; al fin y al cabo Dios es el único que nos puede juzgar, no ustedes; la sociedad.
— Fabián Céspedes.
¡Gracias a Fabián por permitirme reproducir su carta! Espero que una descripción desde adentro tenga el efecto que tuvo en mi, de comprender que este es un esfuerzo por los derechos humanos, una lucha en contra de la intolerancia y a favor de la igualdad ante la ley y la sociedad.
Primer tico en la luna 7:04 PM el 26 abril, 2010 Permalink
Mae, me encantó este post. Me fascina sobre todo el mensaje de Fabián quien describe muy precisa la forma de vida de los que somos minoría.
Jonathan Acosta 9:19 PM el 26 abril, 2010 Permalink
Gracias Tico en la Luna, un honor poder compartir algo tan conmovedor y humanizante